Porque sin entender primero el negocio, cualquier solución es solo una suposición.
Antes de proponer una herramienta, una automatización o un sistema, necesito entender exactamente cómo funciona la operación: qué objetivos está manejando el negocio, cuáles son las expectativas reales del equipo, dónde están los cuellos de botella y cuáles de ellos, si se resuelven, generan el mayor impacto.
Ese proceso de escuchar, analizar y mapear no es una formalidad.
Es donde se define si el trabajo que viene después tiene sentido o no.
Con Arquimadera atravesé exactamente esa fase: un diagnóstico operacional que terminó con 24 puntos de atención y 4 causas raíz.
Había automatizaciones frágiles, datos sin estructura y partes del proceso que simplemente no se veían. No porque el equipo no supiera trabajar, sino porque el sistema nunca había sido diseñado para responder esas preguntas.
Recién con ese mapa claro, las decisiones que venían postergándose se pudieron tomar. Podés conocer más sobre ese trabajo en el case del sistema de registro operacional de Arquimadera.
Ese es el enfoque que llevo a cada proyecto: primero entender, después proponer.
¿Lo valorás como criterio cuando evaluás perfiles de datos o consultoría?